A veces, basta una pregunta
Hoy me preguntaron por él.
Y entendí algo que no había podido nombrar antes: el duelo no avanza en línea recta, avanza en encuentros. Han pasado más de tres meses. Ya no lloro como al inicio, pero eso no significa que no duela. Significa que el dolor cambió de lugar. Ahora vive en los recuerdos que aparecen sin aviso, en una frase ajena, en una pregunta que no esperaba.
Durante este tiempo me refugié en casa. No por debilidad, sino por cuidado. Porque el mundo suele ser torpe con el dolor ajeno. Te miran como si estuvieras rota, como si tu vida se hubiera detenido del todo, como si tu única identidad fuera la pérdida.
Hoy solo salí a comprar algo. Nada importante. Y fue ahí donde la vida, otra vez, me puso frente a la verdad.
Le respondí que sí. Entonces me dijo:
Todos sabían que él estaba enfermo. Él era muy sociable. Conversaba con todos cuando iba a la farmacia, a la tienda, a la panadería. Siempre estaba presente.
Esa pregunta abrió una escena completa dentro de mí. El día de la emergencia. La ambulancia que nunca llegó. El miedo. El correr. El instante en que todo cambió.
No pude hablar. No hacía falta. El cuerpo recordó antes que las palabras.
No estaba informando una noticia. Estaba reconociendo, una vez más, que ya no está… y que, aun así, sigue presente.
Y eso también es parte de seguir respirando.
✨ No todo se resuelve; algunas cosas solo se integran.
El recuerdo encuentra su lugar,
y la vida, sin avisar, sigue.

real
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